martes, 7 de mayo de 2013

Lunes 7 de Enero

Día 2

Después de haber dormido 1h30 me doy cuenta de que el frío es más grande que el sueño en estas circunstancias, así que nuevamente emprendo el caminar sin destino claro (salvo la búsqueda de un refugio).

Me siento en el suelo bajo un paso de nivel cual vagabundo descansar en su hogar después de haber caminado una hora y esquivado perros callejeros. Por muy pocos segundos, me sentí como en casa. Mis ojos se cierran solos, implacables, mientras luchan contra los bocinazos de un par de autos que suplicaban por atención, cosa que jamás entendí. Dormité una hora.

Cansado de tener que caminar mucho sin encontrar un punto medio entre el mar y la ciudad (cosa que después me explicaron el por qué), me encamino hacia la otra ciudad, la siamésa, con la esperanza de encontrar algo más apegado a mis espectativas. Lo cual, gracias a mi "suerte", ocurre.

(Hasta este momento, no había tenido tiempo de pensar)

Algo parecido a Valparaíso pero menos turístico se abre camino ante mis ojos, lo que me permite caminar y buscar un sitio donde hospedarme y dormir algo. Luego de recorer a pie con mi mochila al hombro y de haber consultado con las personas de la caseta turística por alojamiento, surge una nueva oportunidad bastante inesperada a esa altura del viaje. He aquí la encrucijada del destino: volver a tener algo próspero (en teoría) con lo que andaba buscando y con quien yo quería, o seguir con mi camino hasta llegar donde me lo propuse.

Luego de haber encontrado un oasis mental y una hora más de descanso, conozco a una persona muy amable con un lugar (pagado) donde pasar la noche en la ciudad que no me había dejado dormir. La decisión se toma por sí misma.

"Hay que ser perseverante, primero, con uno mismo"

No hay comentarios.:

Publicar un comentario