Día 4
Tengo ganas de volver a nacer. No hablo de salir nuevamente del vientre de mi madre y volver a hacer mi vida, todo de nuevo. No. Quiero sentirme vivo de nuevo, quiero volver a sentir todo lo que algún día sentí por primera vez.
Quiero sentir que estoy amando por primera vez, que me estoy dando por completo como la primera vez que me enamoré, cuando solamente era yo y me entregaba tal cual era.
Quiero sentir que me tocan los labios de nuevo. Con la misma magia del primer beso, con la misma sensibilidad del primer contacto, con la misma sensación de "el mundo se va a acabar" en mi estómago, con las mismas manos como recién sacadas del agua pero, en vez de agua, es transpiración nerviosa. Con la misma sensación de "la lengua se usa también y no sabía".
Quiero sentir que me acarician como si fuese la primera vez, quiero sentir que me recorrer el cuerpo y tirito con cada centímetro que avanza. Quiero sentir que nazco de nuevo, que he vuelto a ser virgen y ahora poder elegir con quien perder la virginidad y hacerlo con amor, amor de verdad, ese que se siente con la primera persona que de verdad se amó con pasión.
Quiero perder la virginidad con amor, con el amor de mi vida. Quiero que ella me arranque lo que he guardado sólo para ella con tanto cuidado. Quiero sentir de nuevo. Quiero sentirme de nuevo. Quiero sentirme en cada centímetro de mi cuerpo y de mi alma. Quiero que me amen como si fuese su primer amor, como si ella fuera la mujer que esperó por y para mí durante todos estos años.
¿Costará tanto ganar la virginidad?
¿Costará tanto sentir de nuevo?
¿Costará tanto palpar, sentir, amar y ser amado por primera vez, si de verdad se quiere?
¿Costará mucho hacer el intento? ¿O pedirlo como si fuera algo trivial?
¿Puedo volver a nacer, por favor?
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Día 5
El hombrecito en la luna.
Hasta 1969 el hombre se podía dar el lujo de pensar que había un hombrecito en la luna. Pero, ¿para qué sirve ese hombrecito?
La verdad es que para muchos es una estupidez, pero para otros es pensar que hay alguien que te vigila, que te guía, que hasta quizás te puede cuidar. Alguien como un ángel de la guarda, un "alguien" que te protege y que siempre que estás perdido te muestra el camino de vuelta a casa. Es la personita que tiene siempre sus brazos extendidos, siempre esperando a cuando caigas para sostenerte y no dejarte tocar el suelo.
Pero cuando el hombre llegó a la luna por primera vez, cuando la pisó, muchas ilusiones se quebraron, dejaron de creer. La ciencia había hecho su trabajo por la humanidad y también por la fe. Mucha gente debe haber dejado de creer en el hombrecito lunar, porque era obvio, lo habrían visto los primeros "invasores" de la luna.
Se quebró el mito. Ahora me siento un fiel admirador de la luna, una persona que se alegra mucho cuando hay luna y sobretodo cuando se puede ver completamente, cuando me despierta en la noche con su magnífico resplandor. Creo que podría pasar horas, días, mirándola, sólo mirándola. La amo. Me da una energía que -como todas las energías- no se puede explicar.
Por eso no dejo de creer en ese hombrecito.
Tengo ganas de volver a nacer. No hablo de salir nuevamente del vientre de mi madre y volver a hacer mi vida, todo de nuevo. No. Quiero sentirme vivo de nuevo, quiero volver a sentir todo lo que algún día sentí por primera vez.
Quiero sentir que estoy amando por primera vez, que me estoy dando por completo como la primera vez que me enamoré, cuando solamente era yo y me entregaba tal cual era.
Quiero sentir que me tocan los labios de nuevo. Con la misma magia del primer beso, con la misma sensibilidad del primer contacto, con la misma sensación de "el mundo se va a acabar" en mi estómago, con las mismas manos como recién sacadas del agua pero, en vez de agua, es transpiración nerviosa. Con la misma sensación de "la lengua se usa también y no sabía".
Quiero sentir que me acarician como si fuese la primera vez, quiero sentir que me recorrer el cuerpo y tirito con cada centímetro que avanza. Quiero sentir que nazco de nuevo, que he vuelto a ser virgen y ahora poder elegir con quien perder la virginidad y hacerlo con amor, amor de verdad, ese que se siente con la primera persona que de verdad se amó con pasión.
Quiero perder la virginidad con amor, con el amor de mi vida. Quiero que ella me arranque lo que he guardado sólo para ella con tanto cuidado. Quiero sentir de nuevo. Quiero sentirme de nuevo. Quiero sentirme en cada centímetro de mi cuerpo y de mi alma. Quiero que me amen como si fuese su primer amor, como si ella fuera la mujer que esperó por y para mí durante todos estos años.
¿Costará tanto ganar la virginidad?
¿Costará tanto sentir de nuevo?
¿Costará tanto palpar, sentir, amar y ser amado por primera vez, si de verdad se quiere?
¿Costará mucho hacer el intento? ¿O pedirlo como si fuera algo trivial?
¿Puedo volver a nacer, por favor?
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Día 5
El hombrecito en la luna.
Hasta 1969 el hombre se podía dar el lujo de pensar que había un hombrecito en la luna. Pero, ¿para qué sirve ese hombrecito?
La verdad es que para muchos es una estupidez, pero para otros es pensar que hay alguien que te vigila, que te guía, que hasta quizás te puede cuidar. Alguien como un ángel de la guarda, un "alguien" que te protege y que siempre que estás perdido te muestra el camino de vuelta a casa. Es la personita que tiene siempre sus brazos extendidos, siempre esperando a cuando caigas para sostenerte y no dejarte tocar el suelo.
Pero cuando el hombre llegó a la luna por primera vez, cuando la pisó, muchas ilusiones se quebraron, dejaron de creer. La ciencia había hecho su trabajo por la humanidad y también por la fe. Mucha gente debe haber dejado de creer en el hombrecito lunar, porque era obvio, lo habrían visto los primeros "invasores" de la luna.
Se quebró el mito. Ahora me siento un fiel admirador de la luna, una persona que se alegra mucho cuando hay luna y sobretodo cuando se puede ver completamente, cuando me despierta en la noche con su magnífico resplandor. Creo que podría pasar horas, días, mirándola, sólo mirándola. La amo. Me da una energía que -como todas las energías- no se puede explicar.
Por eso no dejo de creer en ese hombrecito.