jueves, 14 de febrero de 2008

Bitácora de un viaje hacia dentro II

Día 4

Tengo ganas de volver a nacer. No hablo de salir nuevamente del vientre de mi madre y volver a hacer mi vida, todo de nuevo. No. Quiero sentirme vivo de nuevo, quiero volver a sentir todo lo que algún día sentí por primera vez.

Quiero sentir que estoy amando por primera vez, que me estoy dando por completo como la primera vez que me enamoré, cuando solamente era yo y me entregaba tal cual era.

Quiero sentir que me tocan los labios de nuevo. Con la misma magia del primer beso, con la misma sensibilidad del primer contacto, con la misma sensación de "el mundo se va a acabar" en mi estómago, con las mismas manos como recién sacadas del agua pero, en vez de agua, es transpiración nerviosa. Con la misma sensación de "la lengua se usa también y no sabía".

Quiero sentir que me acarician como si fuese la primera vez, quiero sentir que me recorrer el cuerpo y tirito con cada centímetro que avanza. Quiero sentir que nazco de nuevo, que he vuelto a ser virgen y ahora poder elegir con quien perder la virginidad y hacerlo con amor, amor de verdad, ese que se siente con la primera persona que de verdad se amó con pasión.

Quiero perder la virginidad con amor, con el amor de mi vida. Quiero que ella me arranque lo que he guardado sólo para ella con tanto cuidado. Quiero sentir de nuevo. Quiero sentirme de nuevo. Quiero sentirme en cada centímetro de mi cuerpo y de mi alma. Quiero que me amen como si fuese su primer amor, como si ella fuera la mujer que esperó por y para mí durante todos estos años.

¿Costará tanto ganar la virginidad?

¿Costará tanto sentir de nuevo?

¿Costará tanto palpar, sentir, amar y ser amado por primera vez, si de verdad se quiere?

¿Costará mucho hacer el intento? ¿O pedirlo como si fuera algo trivial?

¿Puedo volver a nacer, por favor?

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Día 5

El hombrecito en la luna.

Hasta 1969 el hombre se podía dar el lujo de pensar que había un hombrecito en la luna. Pero, ¿para qué sirve ese hombrecito?

La verdad es que para muchos es una estupidez, pero para otros es pensar que hay alguien que te vigila, que te guía, que hasta quizás te puede cuidar. Alguien como un ángel de la guarda, un "alguien" que te protege y que siempre que estás perdido te muestra el camino de vuelta a casa. Es la personita que tiene siempre sus brazos extendidos, siempre esperando a cuando caigas para sostenerte y no dejarte tocar el suelo.

Pero cuando el hombre llegó a la luna por primera vez, cuando la pisó, muchas ilusiones se quebraron, dejaron de creer. La ciencia había hecho su trabajo por la humanidad y también por la fe. Mucha gente debe haber dejado de creer en el hombrecito lunar, porque era obvio, lo habrían visto los primeros "invasores" de la luna.

Se quebró el mito. Ahora me siento un fiel admirador de la luna, una persona que se alegra mucho cuando hay luna y sobretodo cuando se puede ver completamente, cuando me despierta en la noche con su magnífico resplandor. Creo que podría pasar horas, días, mirándola, sólo mirándola. La amo. Me da una energía que -como todas las energías- no se puede explicar.

Por eso no dejo de creer en ese hombrecito.

martes, 12 de febrero de 2008

Bitácora de un viaje hacia dentro

Día 1

Como que a veces me arrepiento de ser quien soy, estoy un poco aburrido de sufrir por mi culpa.

¿Para qué hacer tanto en mi vida, para qué tanto sacrificio, para qué tanto dar si los bolsillos me quedan vacíos?

¿O es que acaso será normal tanto sufrimiento en vano? ¿Será normal como me siento? ¿Será que todo el mundo intenta dar todo su amor, toda su entrega, toda su pasión, toda su alma, y que aún así sufren?

No creo...

Porque si todos diéramos lo mejor de cada uno, no pasarían tantas desgracias. Si alguien pensara en el otro y no sólo en sí mismo podríamos evitarnos muchos sufrimientos.

¿Será eso lo difícil?

¿O será muy fácil, tan fácil que da miedo?

Puede ser que sea más sencillo dar todo por muerto antes de intentar rescatar o resucitar lo que uno algún día quiso o amó.

¿Para qué dejar que el día se acabe? Se recomienda dormir antes de continuar, pero ¿y si es mediodía? Hay gente que contaría minuto a minuto esperando que llegue el momento de paz -porque igual piensan-, y luego se duermen con una lágrima en la mejilla.

Prefiero aún así vaciar mis bolsillos y dormir tranquilo.
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Día 2

Vivir mirando atrás puede no ser un camino seguro para avanzar.

Llévalo a la vida real, trata de caminar por un sendero que no conoces mirando cada paso que vas dejando marcado en el suelo.

¡Sólo sabrás que no estás siguiendo el camino cuando te salgas!

Tampoco se puede mirar siempre el futuro, haciendo cosas para prepararlo. ¿Cómo saber qué se está preparando de una manera mejor? ¿Cómo fijarse una meta y tratar de que tu sueño se haga realidad, si no sabes que lo que estás haciendo ahora está bien?

Pero, por último, ¿cómo tratar de hacerlo todo ahora, si no se tiene un parámetro de comparación? ¿Cómo hacerlo todo sin un propósito? ¿Cómo fijarse un propósito si no sé qué es lo que quiero y qué es lo que nunca me ha gustado?

En definitiva, se necesita un poco de las 3 cosas, de los 3 momentos, para fijar objetivos, puntos de comparación, y no dejar que las cosas vayan absorviendo el polvo de dejarlas que se hagan solas.

Vive el pasado, el presente y el futuro, pero simultáneamente.
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Día 3

¿El silencio habla?

Siempre he pensado que muchas veces es mejor callar, aunque a la otra persona le duela más el silencio. Pero, realmente, ¿cómo saber que duele más, si el silencio o el hablar?

El silencio va a doler cuando se sabe leer, entender. Alguien que no entiende el silencio es alguien que habla más de lo que escucha. Y, de ser así, hablo demasiado. Si no hay habla, hay silencio, pero tambien hay lenguaje corporal.

Son esas las 3 maneras de comunicarnos, de expresarnos cuando estamos con la persona al frente, porque, sino, estaríamos hablando de la escritura también y quiero excluirla.

El habla, que expresa lo que pensamos y/o sentimos, y lo que pensamos y/o sentimos demás, lo que sobra, lo no deberíamos decir.

El silencio, que expresa muy bien lo que no tenemos que decir, que dice lo que es obvio y lo que da por hecho.

Y, por último, tenemos el lenguaje corporal. Nos sirve para acentuar o para discimular algo que decimos o callamos. Es el complemento perfecto para terminar de expresar lo que queremos decir.

Y yo no sé usar ninguna de las 3. (He aquí escribiendo)

¿Comprensión?

No te hagas ni pretendas que entiendes si no la tienes. Por favor.

Creo incorrecto comprender si todo lo ves desde tu punto de vista. Uno siempre escucha poniéndose siempre en el mismo lugar: el de uno mismo. Sería mejor -o más sano- vivir, sentir, abrazar, decodificar y palpar el momento justo cuando se abre la ventana y mirar lo que hay más allá de esas simples palabras.

Cuando puedes ver ahí, detrás del vidrio, lo que realmente hay, podrías comprender. Cuando te des cuenta de que lo que estás viendo es lo que te quieren decir, podrías comprender. Cuando te veas de una manera diferente, vistiendo diferente, calzando diferente, peinado diferente, -hasta anatómicamente diferente- podrías comprender.

Intenta hacer el ejercicio. Al principio cuesta, si -obvio-, pero es cosa de tomarle la mano, ejercitar... Ok. Ok. Si te cuestionas "¿valdrá la pena?", la pregunta más cercana, directa y fácil sería un "no" o un "NO!", porque es complejo o porque simplemente te da "lata" si estás bien como estás -pretendiendo comprender-. Por lo mismo, hay que practicar para ser maestro. Vale la pena cuando las cosas están nubladas y nos ves mucho más adelante que tu nariz -común (natural)-. Tal vez funcione para no inferir o deducir a priori -errores comunicacionales que suelen ocurrir al momento de conversar-. Posiblemente sirve como una herramienta para facilitar la conversación entre varias personas -que con 2 basta-. O quizás vale la pena simplemente para demostrar que estás poniendo atención -supuesto: interés-.

"Está bien, no vale la pena. Lo admito. Es engorrozo. Es tonto. Es innecesario. La vida puede continuar de la misma manera que la he vivido hasta antes de intentar comprender. No me satisface en lo absoluto." Pero piensa lo siguiente: lo que recién escribí, lo hice porque me pongo en tu lugar y porque sé que no vas a poder hacerlo, porque sé que no te es útil y porque sé que te cuesta. Para quien lea esto y cree que le sirve, va a borrar este párrafo y nada pasará. Pero para ti, señor/señorita/señora abstinente, preferirás dejar la lectura hasta aquí y borrarás el siguiente párrafo, porque de seguro que no lo entenderás.

Ejercita vistiendo, calzando y pienado como quien te gustaría comprender. Intenta revivir los sentimientos que te llevan a tener la postura que tienes; los pensamientos, conductas y principios que adquiriste -y/o que venían con el envase- en tu vida para decir lo que estás diciendo. Intenta ponerte en el lugar del otro para entender la lectura que le estás dando a tus palabras, los significados y los por qués.


Lo que debes tener: La Clave: Empatía. El Premio: Respeto. El Morbo: Admiración.

Todo esto debe sonar a cliché, pero y si lo es, ¿qué? ¿Qué pierdes? ¿Qué ganas? Practica. Podría ser tu buena acción del día.

lunes, 11 de febrero de 2008

¿Egoísmo?

Suele ser más complejo de lo que uno cree, pero en verdad no lo es tanto.


A veces, tendemos a encerrarnos en nosotros, mirar hacia dentro o sólo no mirar hacia fuera. Vamos como caballos de carrera -o, peor aún, como caballos de feria- con un único objetivo, quizás inconciente, de llegar a ese objetivo. Objetivo autoimpuesto. Objetivo sin más razón que para uno mismo. Objetivo egoísta y es aquí donde me quiero detener.


No me es fácil hablar de egoísmo, porque, como todos los putos mortales, tengo tejado de vidrio. Unos más frágiles que otros, pero de vidrio al fin y al cabo. No podría sentirme orgulloso al oír o percibir una conducta así, simplemente porque me resulta prácticamente irritante asimilarla, siendo que vivimos todos juntos en el mismo planeta, vivimos en sociedad, vivimos preguntándonos y bla bla bla... Siendo que uno tiene una visión periférica bastante -y lo suficientemente- amplia, suelo preguntarme: ¿Cómo cresta no lo viste? ¿De qué sirve vivir tan separados?

A veces, incluso, basta con un "disculpa". En serio, nada más. ¿No será el ego el que nos juego en contra? ¿Será que nos da miedo reconocer que estamos equivocados, por miedo a algo? ¿Será que reconocer que uno está equivocado es tomado como símbolo de flaqueza, que te pueden pasar por encima, que te sientes frágil, y que por eso te importa un huevo el resto?

Y me sigo preguntado -lo siento-: ¿Vale la pena? ¿Hacer sentir mal a alguien, dejar mal a alguien, herir a alguien... por ego?

Incluso me enojo conmigo cuando demuestro egoísmo. Porque por algo estoy escribiendo, ¿no?... Soy un puto mortal. ¿Y qué querías? ¿Un texto perfecto?

No es tan complejo darse cuenta, lo complejo es asumirlo -y remediarlo, claro, pero es un detalle-.