martes, 12 de febrero de 2008

Bitácora de un viaje hacia dentro

Día 1

Como que a veces me arrepiento de ser quien soy, estoy un poco aburrido de sufrir por mi culpa.

¿Para qué hacer tanto en mi vida, para qué tanto sacrificio, para qué tanto dar si los bolsillos me quedan vacíos?

¿O es que acaso será normal tanto sufrimiento en vano? ¿Será normal como me siento? ¿Será que todo el mundo intenta dar todo su amor, toda su entrega, toda su pasión, toda su alma, y que aún así sufren?

No creo...

Porque si todos diéramos lo mejor de cada uno, no pasarían tantas desgracias. Si alguien pensara en el otro y no sólo en sí mismo podríamos evitarnos muchos sufrimientos.

¿Será eso lo difícil?

¿O será muy fácil, tan fácil que da miedo?

Puede ser que sea más sencillo dar todo por muerto antes de intentar rescatar o resucitar lo que uno algún día quiso o amó.

¿Para qué dejar que el día se acabe? Se recomienda dormir antes de continuar, pero ¿y si es mediodía? Hay gente que contaría minuto a minuto esperando que llegue el momento de paz -porque igual piensan-, y luego se duermen con una lágrima en la mejilla.

Prefiero aún así vaciar mis bolsillos y dormir tranquilo.
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Día 2

Vivir mirando atrás puede no ser un camino seguro para avanzar.

Llévalo a la vida real, trata de caminar por un sendero que no conoces mirando cada paso que vas dejando marcado en el suelo.

¡Sólo sabrás que no estás siguiendo el camino cuando te salgas!

Tampoco se puede mirar siempre el futuro, haciendo cosas para prepararlo. ¿Cómo saber qué se está preparando de una manera mejor? ¿Cómo fijarse una meta y tratar de que tu sueño se haga realidad, si no sabes que lo que estás haciendo ahora está bien?

Pero, por último, ¿cómo tratar de hacerlo todo ahora, si no se tiene un parámetro de comparación? ¿Cómo hacerlo todo sin un propósito? ¿Cómo fijarse un propósito si no sé qué es lo que quiero y qué es lo que nunca me ha gustado?

En definitiva, se necesita un poco de las 3 cosas, de los 3 momentos, para fijar objetivos, puntos de comparación, y no dejar que las cosas vayan absorviendo el polvo de dejarlas que se hagan solas.

Vive el pasado, el presente y el futuro, pero simultáneamente.
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Día 3

¿El silencio habla?

Siempre he pensado que muchas veces es mejor callar, aunque a la otra persona le duela más el silencio. Pero, realmente, ¿cómo saber que duele más, si el silencio o el hablar?

El silencio va a doler cuando se sabe leer, entender. Alguien que no entiende el silencio es alguien que habla más de lo que escucha. Y, de ser así, hablo demasiado. Si no hay habla, hay silencio, pero tambien hay lenguaje corporal.

Son esas las 3 maneras de comunicarnos, de expresarnos cuando estamos con la persona al frente, porque, sino, estaríamos hablando de la escritura también y quiero excluirla.

El habla, que expresa lo que pensamos y/o sentimos, y lo que pensamos y/o sentimos demás, lo que sobra, lo no deberíamos decir.

El silencio, que expresa muy bien lo que no tenemos que decir, que dice lo que es obvio y lo que da por hecho.

Y, por último, tenemos el lenguaje corporal. Nos sirve para acentuar o para discimular algo que decimos o callamos. Es el complemento perfecto para terminar de expresar lo que queremos decir.

Y yo no sé usar ninguna de las 3. (He aquí escribiendo)

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