viernes, 5 de septiembre de 2014

Ruego me perdones

Si he andado con recelos o tal vez miedos desde el momento de haberte conocido, si me he comportado un poco extraño o hasta distante, si he llegado con heridas de batallas pasadas e incluso mutilaciones, si no me he abalanzado sobre ti del arrebato puro por besarte, si no te he ido a ver con flores a medianoche en un arranque de romanticismo adolescente, si no he sabido qué decir o qué hacer más que mirarte a los ojos mientras me muestras esa sonrisa que tanto me encanta, si he llegado cansado después de este tan corto pero intenso caminar, si me faltan energías para mostrarte mis más sinceros impulsos, entonces maldigo toda experiencia pasada y ruego me perdones.

Pero si todo lo anterior a ti me ha hecho saber ponerle freno de mano a lo que se puede frenar así, disfrutar de cada una de tus palabras o caricias y cada película paralelística, cada risa e incluso carcajada (contigo, de ti o de mi), cada imagen instantánea y efímera que se cruza por mi mente de más de algún momento compartido entre humos, licores, champiñones, especias y calzones duros, saber hacer y construir esa amistad previa que tanto he anhelado, saber contemplarte a la luz u oscuridad sin que lo notes (¿sabías?), saber disfrutar de la ansiedad no-clínica basada en el más honesto deseo de verte y de simplemente estar contigo acompañando a más de una que otra risa nerviosa, saber darle al tiempo el tiempo que quiera para abastecerse de ladrillos fuertes y sólidos, entonces agradezco a cada persona que me ha enseñado sin saberlo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario